Gigantes tecnológicos financian con millones de dólares la construcción del salón de baile de Donald Trump en la Casa Blanca
¿Cuáles fueron los montos aportados por las principales empresas de tecnología?
Un grupo de las corporaciones tecnológicas más influyentes de Estados Unidos ha destinado millonarios recursos privados para la construcción del nuevo salón de baile del presidente Donald Trump en la Casa Blanca. De acuerdo con documentos citados por The Washington Post, firmas como Nvidia y Apple aportaron 25 millones de dólares cada una a la obra, mientras que Microsoft y Palantir Technologies comprometieron 10 millones de dólares individualmente. Asimismo, Meta y Amazon destinaron 5 millones de dólares cada una, sumándose a la aportación previa de Alphabet (Google) por 22 millones de dólares, lo que eleva el financiamiento conjunto del sector tecnológico a 92 millones de dólares.
Evolución del presupuesto, obras en el Ala Este y cuestionamientos del Congreso
Aunque el proyecto presidencial se anunció inicialmente con un costo estimado de 200 millones de dólares bajo la promesa de no utilizar recursos públicos, proyecciones recientes de la revista Fortune indican que el presupuesto alcanzó los 400 millones de dólares. La construcción requirió la demolición del Ala Este de la Casa Blanca y el uso de fondos federales para infraestructura subterránea de seguridad. El origen de las donaciones generó cuestionamientos en el Congreso de Estados Unidos, donde senadores encabezados por la demócrata Elizabeth Warren exigieron transparentar los aportes, debido a que varias de las empresas participantes mantienen investigaciones regulatorias y causas antimonopolio abiertas ante el gobierno federal.
¿Qué explicaciones han ofrecido las corporaciones ante las indagatorias legislativas?
Por un lado, firmas como Microsoft y Amazon confirmaron acercamientos con los equipos de recaudación para coordinar sus aportaciones y asistir a encuentros en la residencia presidencial. Por otro lado, legisladores señalaron que compañías como Meta y Nvidia omitieron desmentir explícitamente posibles acuerdos de beneficios a cambio de los recursos. De este modo, la construcción de la nueva infraestructura ejecutiva continúa bajo el escrutinio político y regulatorio en Washington.
